Revista EL PAPUS (1973-1986)


Subtitulada como “revista satírica y neurasténica”, el primer número de este semanario de humor satírico salió en los quioscos de prensa nació el 20 de octubre de 1973. Fue propiedad de Elf Ediciones (la misma empresa de la revista Barrabás), pues su fundador era Xavier de Echarri, y a partir del núm. 45 perteneció Ediciones Amaika S.A. Comenzó tirando 115.000 ejemplares, y alcanzó el máximo en marzo de 1976 con una tirada útil de 400.000 y una difusión total próxima a los 230.000.
A lo largo de su historia varió cuatro veces de formato. Empezó constando de 32 páginas y posteriormente alcanzó las 40. Estaba impreso en cuatricromía y contaba con ocho páginas a todo color sobre papel estucado.


Por lo referente a su contenido, hacía gala de un humor novedoso y duro, con una estética gráfica muy informal, dibujo basto y texto abigarrado, que incluso fue calificada de “feísta” pero con un lenguaje descarado, directo y valiente. Más ácrata que los propios anarquistas, sus redactores popularizaron el lema “Ni Dios, ni amo, ni CNT.” Con ello indicaban que no “se casaban con nadie” y que su independencia estaba fuera de toda sospecha.
Semanalmente ofrecía un tema estrella que tenía que ver con las circunstancias sociopolíticas del momento: los derechos de la mujer, la contaminación, el coche, la emigración, la publicidad…; y sección señera era “La Papunovela”, un fotocollage a todo color sobre el tema general de la semana. Poco a poco se fue imponiendo la parte gráfica, con páginas completas, caricaturas y cómics, reduciendo a segundo término el texto. Contaba también con un artículo a modo de editorial titulado “Cojonudo lo de usted”, que trataba de los hechos reprochables de alguna figura del mundo de la política.


En sus comienzos, se ocupaba de temas generales (el consumo, la contaminación, los jóvenes…), pero con el tiempo se fue politizando y abordando asuntos más concretos y directos, llegando a alcanzar fama de radical en su última época. La calidad estética era inferior a la de los principales semanarios de humor con los que compartía mercado, pero en lo que se diferenció de sus compañeros fue en la furia de sus ataques contra las consideradas lacras de su época: el puritanismo, la represión, la religión, la policía. Nadie había ido tan lejos (ni llegaría después) en la contestación a los valores establecidos con un humor tan negro, salvaje, brutal y anarquista. Su portada, en cuatricromía, estaba dedicada a un tema que en el interior se abordaba de forma casi monográfica desde diferentes puntos de vista.
Aunque con el tiempo las portadas serían la avanzadilla de un erotismo de quiero y no puedo, muy cercano a la estética de calendario de sufrido camionero, lo cierto es que en los primeros números de la revista, la presencia de la mujer en sus chistes gráficos y en sus historietas es poco relevante; los chistes y las historietas se desarrollan en un mundo protagonizado por hombres. Y es que el humorismo gráfico había sido hasta entonces un terreno creativo labrado exclusivamente por hombres.


A partir de 1973 incorporó una sección de crítica de cine, y en estas historietas vemos con cierta frecuencia cómo la gran pantalla se convierte en escenario de virtuales erotismos, e incluso en instrumento para su realización. En esta época se estructuraba en cada número alrededor de un tema central, que ocupaba la portada y una buena parte de las secciones de interior. Esos “leitmotivs” se encuadraban en un costumbrismo que muchas veces bordeaba lo político (o más bien habría que decir que la realidad estaba politizada) y que en otras ocasiones entraba a saco en usos y costumbres celtibéricas, o sea, marcadas por reglas morales conservadoras, cuando no reaccionarias, que en lo que respecta a la mujer combinaban la mojigatería, el paternalismo y la hipocresía. Otro elemento sociocultural de aquella especificidad que nos caracterizaba según el eslogan oficial de “Spain is different” lo hallamos en las folklóricas, mezcla de tradición y erotismo contenido.


Las “sanciones” y “secuestros” que le caían a la publicación podían ser por motivos muy variados. Por ejemplo, mostrar una mujer en paños menores denominada “señorita Pepis” y un señor que le tocaba el culo y que, lógicamente, era “el tocador de la señorita Pepis”. En otra ocasión, los fiscales se ensañaron con la “Papunovela”. En esta sección, una mujer, decía el fiscal, fingía enseñar sus partes íntimas a unos hombres. Por supuesto, las citadas partes no se veían, pero el censor lo intuía. Del mismo modo que acusó al dibujante Ja de blasfemo por escribir “pene” y “testículos” porque enseguida se dio cuenta de que lo que quería escribir eran palabras más groseras. En este caso el dibujante no se benefició de la teoría de uno de los juristas del régimen que habían sugerido que el pensamiento no delinque. Como consecuencia, en 1975 se suspendió a la revista por cuatro meses (del 5 de julio al 25 de octubre), sanción que se repitió en 1976 (del 27 de marzo al 24 de julio de 1976). A partir de ese mismo año las ventas iniciaron un declive, pero entre los veranos de 1978 y 1979 su difusión todavía era de 62.000 ejemplares según el control de la OJD.


El 20 de septiembre de 1977 el grupo armado de ideología fascista Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) fue responsable de un atentado con paquete bomba contra la sede de la revista. En el atentado falleció el conserje Joan Peñalver y se produjeron diecisiete heridos. A raíz de este atentado, la agresividad de la revista fue muriendo paulatinamente, dándose por finalizada la gran época de la revista cuando era un ariete vivo que arremetía contra el fascismo de forma constante. El consejo de redacción de la revista, objetivo del atentado, resultó indemne. El proceso judicial duró seis años y puso a prueba la voluntad de las instituciones de aplicar la justicia, desde la Audiencia Nacional al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pasando por el Tribunal Supremo y el Constitucional. Nadie quería dictar una sentencia que desestabilizara la joven democracia, dada la posible implicación de autoridades civiles y militares. No se pagó indemnización a la editorial ni se reconoció el caso como “acción terrorista”, y la muerte del portero y las heridas de la secretaria se declararon como “accidente laboral”.


Pese a los ataques reaccionarios, prosiguió su carrera desenfadada y agresiva casi dos lustros más. Al final, el desencanto de los intelectuales y el desentendimiento del mercado, consiguieron lo que no habían logrado los fascistas. A partir de 1979 aumentó su virulencia, atacando los aspectos más esperpénticos de la vida española con nuevas secciones de gran impacto como “Telekoñas”, “Carta abierta.”, “Susexos” y “De fuentes mal informadas”. Una sección muy, muy comprometida e impactante fue “Dirección general de cultura papuslar”.
La característica de esta revista, según palabras del periodista y director de El Periódico Antonio Franco, era “la frontalidad”. Llamaba a las cosas por su nombre y de forma que todo el mundo lo entendiera. Si dedicaba un número a la ley de educación “escribía que en el ministerio había burros y que de las aulas solo saldrían más burros”. También el dibujante Óscar reivindicó el uso del lenguaje popular en las historietas. Asimismo, Fernández de Castro la definió como una “revista canalla y gamberra” y Amorós añadió que era bastante “ácrata” o, si se prefiere sus redactores eran “de izquierdas y despistados”.


En 1978, el Salón Internacional de Lucca le concedió el Premio Yellow Kid.
A partir de 1986 la periodicidad pasó a ser mensual, año en que debido al descenso del número de ventas dejó definitivamente de publicarse.
En la revista colaboraron populares escritores como Antonio Franco, Joan de Segarra, Vázquez Moltalbán y Maruja Torres, y los historietistas Carlos Giménez, Gin, Ivà, Já, L’Avi, García Lorente, Óscar, Vives, Fer, Manel, Ventura & Nieto y Rafael Ramos, entre otros.

En la prensa de aquel día...

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