Revista EL MONO AZUL (1936-1939)


Revista publicada por el bando republicano durante la Guerra Civil bajo el auspicio de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, cuyo primer número salió a la luz el 27 de agosto de 1936, y que apareció como un folleto en sus inicios: “Nuestro modestísimo El Mono Azul, de Madrid,  nacido entre metralla, bombas y fusiles, revive este momento de la aurora de la razón en Grecia. En vez de las armas guerreras de la diosa Palas, la humilde tela azul del traje de trabajo, pueblo directamente, para fijar poéticamente las hazañas heroicas y que el pueblo se recuerde y se reconozca a sí mismo en la poesía. (…) Trabajo y combate significados en nuestro “mono” obrero, que llenaba los ojos en el Madrid luminoso y espléndido en su tragedia, en el Madrid inolvidable, todavía intacto, de Julio y Agosto de 1936“.


Ya en el número 1 publicaron el Manifiesto de la Cultura: “La Alianza de Intelectuales Antifascistas no es un organismo acabado de nacer al calor de esta espléndida llamarada liberadora que vivimos. Desde antes, desde años atrás, muchos de sus miembros militaban en la Asociación de Escritores Revolucionarios, cuya sede estaba en Moscú. Pasado el tiempo, ante el avance fascista, que representaba la persecución intelectual por los nazis y las diferencias surgidas en el campo de la inteligencia en todos los países, los escritores de las diferentes tendencias del pensamiento se reunieron en París, celebrando un amplio Congreso en julio de 1935. De esta gran asamblea salió la necesidad inmediata, inaplazable, de combatir al fascismo en todas sus formas. Con los hombres más ilustres de todos los países se formó un Comité Internacional, con domicilio en París“.


En ella colaboraron los más destacados intelectuales del período, singularmente muchos de ellos componentes de la llamada Generación del 27. Entre ellos destacaron Arturo Cuadrado, Miguel Hernández, Lorenzo Varela, Antonio Aparicio, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Luis Cernuda, Antonio Machado, Ramón J. Sender, Eduardo Ugarte y María Zambrano. Como colaboradores no españoles participaron Pablo Neruda, Vicente Huidobro, André Malraux y John Dos Passos, entre otros.
El nombre fue tomado del mono que usaban los milicianos en el frente de guerra. Su objetivo era llegar a los soldados y hacerlos conscientes de su función en defensa de la república y la democracia frente al fascismo representado por los sublevados.


Decía el intelectual José Bergamín “El mono azul ante vosotros viene a decir o a cantar vuestra lucha, vuestra guerra, como lo que es, como una victoria. Viene a cantar victoria, aunque esta victoria no llegue todavía a nosotros sin sangre. Pronto la esperamos; precisamente por la sangre; porque esta sangre viva de nuestro pueblo, que manos fratricidas están vertiendo ante nuestros ojos, se está empapando calladamente en vuestros vivos monos azules para traer a nuestros ojos, humedecidos por la pena tanto como por la rabia de la venganza o por la alegría de vencer, el olor, el sabor de la sangre misma que pone en nuestros labios el secreto maravilloso y revelador de la verdad del pueblo que guerrea: la más pura verdad de nuestra España“.
Su contenido era muy variado, desde instrucción militar, literatura y política. En muchas ocasiones, dado el nivel tan bajo de alfabetización, la revista era leída por algún soldado o suboficial para el resto de los miembros de la unidad.


Entre sus secciones más leídas se encontraba en las páginas centrales, el “Romancero de la Guerra Civil”, donde se recopilaban los romances que enviaban desde todas partes de España soldados y familias. El conjunto de los publicados fue recogido más tarde por el poeta Rafael Alberti en su obra, “Romancero General de la Guerra Española”, cuya primera edición vio la luz en Buenos Aires en 1944. La idea del romance como forma expresiva surgió en consideración de su carácter popular. El hecho es que todos los poetas lo usaron como instrumento eficaz para una poesía combativa, viniendo a fundirse el neopopularismo que había dado triunfos a los poetas de la Generación del 27. Universal trascendencia tuvieron en este sentido las revistas correspondientes a julio de 1937, coincidentes con el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, que celebró sus sesiones en Valencia y Madrid.


El mono azul se publicó en Madrid de una manera muy irregular a lo largo de 47 números (aunque parece que el 17 nunca existió), desde agosto de 1936 hasta febrero de 1939, la mayor parte aparecidos en 1936 y 1937, pues en realidad en 1938 sólo fueron dos (el 45 y el 46, mayo y julio) y en 1939 uno (el 47 y último, incorporado al efímero Cuadernos de Madrid). Los 10 primeros números (hasta el 29 de octubre de 1936) contaban con ocho páginas: luego quedaron reducidos a una sola hoja con dos páginas, e incluso a una sola página, impresa entre las del periódico La Voz (durante 1937).


En cuanto al formato y contenido, también varió en función del avance de los acontecimientos bélicos. Así, el diseño del primer número correspondiente a los días milicianos, en tamaño holandesa, se mantuvo hasta el 5 de noviembre del mismo año 1936. Cambió nuevamente el día 12 del mismo mes, tomando una función más cercana a la guerra que empezaba a mostrarse prolongada y creciente en su dureza. Las dos páginas centrales del nuevo formato constituyeron un cartel que podía pegarse en las paredes, con sencillas instrucciones sobre protección del fuego enemigo. Esta etapa duró hasta el 26 de noviembre de 1936, coincidiendo con las jornadas más tensas de la lucha por Madrid y el establecimiento de las líneas del frente. Tras una nueva pausa surgió en el tamaño inicial a partir del 11 de febrero de 1937 hasta el 1 de mayo, éste con carácter extraordinario.

En la prensa de aquel día...

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