Adiós al “tenor del metro”, artista y singular cliente


Nos ha cogido por sorpresa la noticia del reciente fallecimiento del señor Ramon Julibert i Torras, un cliente singular que ocasionalmente visitó nuestra tienda de prensa antigua. Sucedió el pasado día 5 de este mes al no superar un problema coronario derivado de una simple operación de cataratas. Pero la edad no perdona. Tenía 84 años de edad.
Era un hombre alto, delgado, de presencia elegante, vestido siempre de traje y corbata y con un largo abrigo. Las pocas veces que tuvimos el placer de tratarlo en persona lo recordamos como un personaje educado, atento, inquieto y cargado de muchas anécdotas históricas. Solía comprar notas gráficas del diario La Vanguardia, algunos suplementos temáticos antiguos y folletos varios de los años veinte y treinta del siglo pasado. El interés que nos manifestó por nuestro local lo demostró por las numerosas preguntas que nos formulaba acerca de nuestra oferta y por su insistente afán de curiosear todo aquello que teníamos directamente expuesto al público. Además, tanto si había clientela como si no había nadie en la tienda, indiferentemente no dejaba de explicar historias de su juventud. En alguna ocasión intentó adquirir un ejemplar concreto del periódico El Día Gráfico para regalárselo a su hermano menor. Lamentablemente, de aquella fecha solicitada no pudimos ofrecérselo aunque, como siempre procedemos, le compensamos con algo equivalente que le satisfació.


Al poco tiempo descubrimos quien era ese hombre tan misterioso. A menudo se le podía ver en los andenes de la estación “Passeig de Gràcia” de la L3 de metro, paseándose arriba y abajo, cantando ópera. Tanto tiempo permaneció que se ganó la popularidad de los viajeros y el respeto por parte de la empresa TMB.
Repasando un poco su vida, Ramon Julibert i Torras Ramón nació en Barcelona el 10 de junio de 1929. De familia acomodada, estudió en el colegio La Salle y perteneció al Club de Tennis de La Salut. Estudió para practicante ATS, pero enseguida decidió marcharse a Londres y Alemania a probar suerte y fortuna, ejerciendo de ATS y de transportista. Se dice que llegó a casarse y a tener un hijo, pero desgraciadamente las cosas no le fueron bien y se separó, regresando de vacío nuevamente a Barcelona. Aquí volvió a casarse y tuvo tres hijos más. Sin embargo, debido a su carácter difícil e indomable también se separó de su segunda mujer. Su vida siempre fue muy sencilla y con escasos recursos económicos. Una paga mensual le permitió vivir en varias pensiones y comprar antigüedades, una de sus grandes aficiones. Posiblemente ello le llevó a conocer nuestra tienda de periódicos antiguos. Era un hombre culto, bien hablado. Por lo visto sabía hablar italiano y alemán, y era muy hábil en el ajedrez.


Paralelamente al mundo de las antigüedades, su otra pasión fue la ópera, hecho que lo demostró cantando durante 48 años alrededor de unas ocho horas diarias y a veces hasta once. Ciertamente tenía buena voz. Comenzó en el parque de la Ciutadella, donde permaneció ocho años hasta que decidió marchar tras encontrar un hombre muerto. Luego se instaló en el metro, donde puso en evidencia sus excelentes dotes artísticos como cantante: “voy al Metro Maldon Gayer”; “trabajo poco y me paso más horas cantando que trabajando”; “yo no canto para ganar dinero, yo canto para hacer la musculatura”; “soy un culturista, como huevos y carne para hacer esto”; “mi voz es única en el mundo”, decía él. Siempre tuvo la ilusión de que el teatro del Liceu le brindara una oportunidad y lo contratase, algo que jamás sucedería.
Ahora su voz se ha apagado para siempre. El cantor del metro ha desaparecido pero sería deseable que la memoria histórica de Barcelona lo pueda recordar para la posteridad como uno de los numerosos personajes singulares de la ciudad. El mero hecho de haber visitado nuestra tienda no hará más que enriquecer la historia de nuestro negocio. Aunque por otros caminos inesperados para él, logró la fama y la aceptación del público barcelonés. Nosotros le recordamos y siempre le recordaremos. Hasta siempre, Ramon. Hasta siempre, artista.

En la prensa de aquel día...

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